
Nuestra opinión: muy buena
Mónica pasó los treinta, y viene de separarse. Es guía en un museo y vive sola, distante de su familia, de la que se recorta como una excepción, como una extraña. Acaba de hacerse un chequeo, que incluyó una biopsia, necesaria porque existen dudas acerca de cuáles son los motivos de algunas irregularidades. Pero los resultados no son instantáneos: tiene que esperar un fin de semana, con todas sus horas, minutos y segundos. El tiempo tiene valor absoluto pero también relativo. El tiempo en que la aguja grande de cualquier reloj tarda en dar una vuelta completa es de una hora. Sin embargo, para Mónica, el peso del tiempo se hace sentir. Se torna pesado y lento en la medida en que avanza camino a una respuesta que, de antemano, la angustia. En ese fin de semana, Mónica se encontrará a sí misma en un espejo impiadoso a cada rato, sin escuchar -ni querer escuchar- alguna respuesta que pueda mitigar su desesperanza. Todo lo contrario. Aferrada a su soledad, no compartirá con nadie su secreto. Mónica sufre el vacío de su presente, el del futuro, incluso el familiar.

Daniela Goggi, egresada y docente de la Universidad del Cine, consideró que una historia mínima puede resultar más conmovedora que una compleja, a propósito de un tema tan delicado como la angustia generada por las esperas. Pero no se detiene en esa anécdota: va más allá. En todo caso, esa espera es la excusa para confirmar la falta de sentido real a lo que todos solemos llamar vida. Lo hizo con recursos válidos, apoyada por un equipo técnico que acompaña la minuciosa descripción interior y exterior de cada personaje, rubros que responden con precisión a las necesidades dramáticas del guión.
Hay en Vísperas una presencia actoral notable, que nace de un excelente casting. Por empezar, Andrea Garrote, que atraviesa una serie de estados básicamente depresivos: transmite sin necesidad de subrayar el padecer de su personaje. Detrás de ella y a la manera de coro también protagonista, ya sean consagrados -como Juan Manuel Tenuta, Nya Quesada o Juana Hidalgo-, de la generación intermedia -Ingrid Pellicori y Alberto Suárez- o jóvenes -Luciana Lifschitz, Ezequiel Tronconi, Héctor Díaz, Fernando Casarin-, todos aportan algo importante a la historia. Es que todo funciona en armonía y no es casual, sino el resultado del oportuno encuentro de una directora debutante (por lo visto con mucho para decir), que propone una interesante idea de cine con un sólido grupo de actores, igual de movilizados por un mismo objetivo, algo que, en estos tiempos, merece ser valorado.
Claudio D. Minghetti
Fuente: Diario La Nacion.http://www.lanacion.com.ar/
http://www.cinenacional.com/peliculas/index.php?pelicula=3991
No hay comentarios:
Publicar un comentario